Cuarta Cumbre de Mujer Latina en Montreal

¿Alguna vez te has preguntado qué sucede exactamente en el interior de una mujer en el instante en que decide dejar de pedir permiso para ocupar su lugar en el mundo?

Durante la Cuarta Cumbre de la Mujer Latina, una revelación silenciosa recorrió la sala, una verdad sobre el liderazgo y la integración que rara vez se discute en voz alta. Para comprender este secreto, que solo se desveló al final de la jornada, es necesario recorrer las historias que se tejieron en este encuentro.

El evento inició reafirmando la misión central de la cumbre: crear un espacio seguro donde las mujeres de diversas naciones puedan conectar y sanar.

La bienvenida oficial, llena de calidez y vulnerabilidad, estuvo a cargo de Sandra Londoño en nombre del consejo de administración de la Maison de la Femme Inmigrante Latino-américaine (MILA). Sandra nos conmovió al recordar los años de arduo trabajo voluntario de muchas personas que apoyan este organismo y las puertas cerradas que tuvieron que enfrentar para hacer este sueño realidad. Su mensaje fue el pilar del día: la cumbre nació de la necesidad de abrazar los procesos de integración de las mujeres inmigrantes en su búsqueda de sentido.

La búsqueda de nuestra voz fue abordado por nuestra estratega de comunicación y productora ejecutiva de Emigrāre, Ingrid Cabezas. De origen colombiano y con una trayectoria en la radio cand en Alberta, Ontario y Quebec, Ingrid compartiendo su propia experiencia como inmigrante, creando un espacio de reconocimiento y reflexión alrededor de los desafíos que enfrentamos al construir una nueva vida en otro país. Habló de las inseguridades, las dudas y el síndrome del impostor que pueden aparecer en el camino, pero sobretodo de la fuerza, la resiliencia y el valor que llevamos con nosotros. Con profunda vulnerabilidad, nos regaló una de las reflexiones más potentes del día:

"Nuestro acento, nuestra historia y nuestras diferencias no son un obstáculo que debemos superar. Son una fortaleza que debemos abrazar".

Su mantra resonó en cada persona presente: Todos tenemos algo que decir.

Por su parte, LaurA MOra nos llevó a un viaje hacia el interior abordando la conciencia somática. Nos explicó como nuestro sistema nervioso guarda nuestros miedos, y hace que nuestro cuerpo sienta y demuestre todos los síntomas al punto de bloquearnos en momentos importantes. En uno de los momentos más íntimos del evento, Laura nos enseñó a autorregularnos y compartió técnicas para gestionar nuestro sistema nervioso por medio de las Islas de bienestar.

La primera conferencista francófona de la cumbre, Mariana Djelo Baldé, trajo una dinámica transformadora basada en el "Lenguaje de las telas". Nos invitó a elegir tejidos distintos: uno que representara nuestro pasado, otro nuestro presente y un tercero para nuestro futuro. A través de estos hilos, Mariana demostró que no tenemos que borrar nuestros orígenes para encajar; podemos integrar nuestras raíces en la construcción de nuestro nuevo camino en Canadá.

Ximena Zambrana nos demostró que la oratoria y las habilidades profesionales son las herramientas definitivas para ocupar espacios de liderazgo auténtico y de toma de decisiones en el mercado canadiense.

La Cuarta Cumbre también sirvió como escenario para reconocer el impacto y la dedicación de mujeres que contribuyen activamente al fortalecimiento de la comunidad latinoamericana en Montreal.

Entre los momentos más significativos de la jornada estuvo la entrega del Premio MILA 2026 a la Mujer de Impacto, cuyas finalistas fueron Lorena Gutiérrez y Mariana Pacheco. El reconocimiento de esta edición fue otorgado a Mariana Pacheco, por su labor al frente de Latinos en Quebec y su compromiso con la comunidad.

Entonces, ¿cuál es el secreto que transformó a las asistentes ese día?

La respuesta quedó clara a lo largo de esta Cuarta Cumbre: pertenecer no significa dejar atrás quiénes somos.

Cuando aprendemos a escuchar nuestro cuerpo con Laura, a abrazar nuestro acento con Ingrid, a honrar nuestra historia con Mariana, a alzar la voz con Ximena y a construir comunidad con Sandra, entendemos que no estamos solas y que nuestras experiencias tienen valor.

Nuestro mayor poder no está en borrar nuestras diferencias para encajar, sino en reconocerlas como parte de nuestra identidad, de nuestra historia y de la contribución única que podemos ofrecer a la sociedad que hoy también llamamos hogar.

Siguiente
Siguiente

Cuando una mujer se atreve a ocupar su lugar, comienza una transformación