Cuando una mujer se atreve a ocupar su lugar, comienza una transformación.

Hay momentos en los que una mujer decide dejar de sobrevivir para comenzar a transformar.

Transformar sus experiencias, sus heridas, sus miedos y hasta aquellas partes de sí misma que alguna vez creyó que debía esconder. Y cuando ese proceso ocurre en comunidad, una historia individual puede convertirse en inspiración para muchas más.

Ese es precisamente el espíritu de MILA – Mujer Inmigrante Latinoamericana, que este sábado 19 de septiembre de 2026 celebrará la Cuarta Cumbre de la Mujer Latinoamericana, un encuentro dedicado a crear nuevas oportunidades, conexiones y espacios de crecimiento para mujeres que buscan avanzar, liderar y ocupar el lugar que les corresponde.

La jornada reunirá distintas voces, pero todas parecen conducir hacia una misma pregunta: ¿qué sucede cuando dejamos de pedir permiso para ser quienes somos?

De sobrevivir a liderar.

Para Sandra Londoño, fundadora de la Casa de la Mujer Inmigrante Latina (MILA), la respuesta nace de su propia historia. Después de sobrevivir a un secuestro en Colombia y enfrentar posteriormente los desafíos de comenzar una nueva vida en Canadá, Sandra convirtió experiencias profundamente difíciles en una fuente de fortaleza y servicio comunitario.

Su filosofía es tan sencilla como poderosa: “Yo siempre he creído que lo que yo me proponga lo puedo hacer. Y si no lo puedo hacer así exactamente, pues lo adapto. Pero lo hago.”

Pero liderar también significa aprender a cuidarse. Para Sandra, priorizarse no es egoísmo ni vanidad: es amor propio. Una idea especialmente importante para mujeres que durante años han aprendido a cuidar de todos antes que de sí mismas.

Su historia abre la puerta a una transformación que no comienza afuera, sino dentro de cada mujer.

El liderazgo no se impone: se despierta

Y si el liderazgo comienza dentro, Ximena Zambrana nos invita a descubrir cómo reconocerlo y ponerlo en acción.

Ximena cuestiona una idea profundamente arraigada: que para liderar hay que tener una posición de poder, hablar más fuerte o imponer autoridad.

Su mensaje es contundente: “El líder, aquel que grita no enseña.”

Para ella, el verdadero liderazgo está relacionado con la empatía, la capacidad de escuchar y la seguridad de reconocer que el liderazgo ya existe dentro de cada una de nosotras.

Así, la conversación pasa de sobrevivir a liderar; de buscar aprobación externa a reconocer nuestro propio valor.

Pero antes de liderar, necesitamos escucharnos

Y aquí aparece una pieza fundamental del rompecabezas: nuestro propio cuerpo.

Desde la consciencia somática, Laura Mora plantea una pregunta que muchas veces olvidamos: ¿qué sucede cuando dejamos de escuchar lo que nuestro cuerpo intenta decirnos?

Laura explica que nuestro cuerpo conserva la memoria de nuestras experiencias, emociones, dolores y también de aquellos momentos de felicidad que nos han marcado. La consciencia somática se convierte entonces en una invitación a reconectar con esa sabiduría interna.

Porque quizá para ocupar nuestro lugar no basta con cambiar lo que pensamos. También necesitamos aprender a escuchar lo que sentimos.

Cuando nuestra voz también cuenta

Y después de escuchar historias de resiliencia, liderazgo y reconexión con nosotras mismas, hay una pregunta que también merece ser respondida: ¿qué hacemos con nuestra propia voz?

Desde mi participación en esta conversación, quiero llevar esa reflexión a un lugar muy personal: dejar de pedir perdón por nuestro acento, por nuestra historia o por la manera en que llegamos a este país.

Para muchas mujeres inmigrantes, hablar puede convertirse en un desafío que va mucho más allá del idioma. A veces comenzamos a cuestionar nuestra capacidad, nuestra preparación o incluso nuestro valor simplemente porque nuestra voz suena diferente.

Pero nuestro acento no borra nuestra experiencia. Nuestra historia no disminuye nuestro talento. Y nuestra manera de hablar no determina nuestra capacidad para liderar.

Liderar con nuestra propia voz significa precisamente eso: dejar de intentar sonar como alguien más para comenzar a reconocernos en lo que somos.

Porque quizá nuestra voz no necesita cambiar para ser escuchada. Quizá lo que necesitamos es atrevernos a usarla.

Las historias de Sandra, Ximena, Laura e Ingrid no hablan de mujeres perfectas. Hablan de mujeres que han aprendido a convertir sus experiencias en herramientas para avanzar.

Y quizás ese sea el verdadero propósito de MILA: recordarnos que cuando una mujer se atreve a escucharse, reconocerse y ocupar su lugar, no avanza sola. Abre el camino para que otras también puedan hacerlo.

La Cuarta Cumbre de la Mujer Latinoamericana se celebrará el 19 de septiembre de 2026, de 8:30 a.m. a 5:30 p.m., en Salle Le Saint-Laurent Trio, Montreal, con la Premiación MILA Mujer de Impacto y la presentación del segmento de teatro “Kukpua”.

Porque juntas no solo transformamos vidas: fortalecemos liderazgos y construimos comunidad.

Porque cada mujer tiene una historia, una experiencia y una voz que merece ser escuchada. Todas tenemos algo que decir, y cuando nos atrevemos a hacerlo, nuestra voz puede convertirse en inspiración, oportunidad y cambio para otras.

Quizás ese sea el verdadero significado de encontrarnos: recordarnos que ninguna historia es demasiado pequeña y que ninguna voz debe quedarse en silencio.